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La fe mueve montañas: poderosa oración sana enfermedades

La fe no puede ser olvidada cuando enfrentamos procesos curativos

Cuando la medicina era aún muy primitiva, la gente depositaba toda su confianza en la fe. Con el paso de los años, los adelantos científicos, y el mundo del consumo constante, los seres humanos nos hemos alejado un poco de nuestro orden espiritual, para perseguir las tendencias impuestas por las industrias.

A veces, con buena intención pero horizontes cuestionables, los científicos han creído encontrar en la ciencia todas las respuestas que el hombre necesita para su curación, pero estudios recientes comprueban que, en efecto, la mente tiene una influencia poderosa en nuestro cuerpo, y la fe es capaz de producir transformaciones sustanciales.

Con una simple oración, como esta que le vamos a presentar, usted podrá hacer un acto de fe, y verá cómo le ayudará a hacer posible la sanación de los problemas de salud. No es una oración mágica. Es una oración que pedirá de usted iniciar un proceso auténtico de transformación, liberación y sanación.

Si está pasando por una enfermedad, tómese unos minutos cada día, y rece con nosotros:
“Jesús, te alabo y adoro. Te amo desde lo más profundo de mi corazón y estoy muy agradecido/a de que hayas dado tu vida por todos los seres humanos en la cruz. Sé que estás siempre al lado de los que te buscan y por eso vengo a ti.

Tú, que todo lo sabes y nuca abandonas a los que te son leales; 

Tú, que das vida en abundancia y eres el que nos da salud,

Tú, que como un buen pastor cuidas de tus ovejas,

Te ruego que vengas a mí y me protejas.

Sé que tu infinito amor, bondad y misericordia hacen el bien. Por eso, te pido que me ayudes a recobrar la salud (diga su nombre o el de la persona por la que está intercediendo).

Tú que dijiste: “Yo la resurrección y la vida”, recibe y llévate nuestras enfermedades.

Tú curabas las dolencias de quienes te acompañaron. Por eso, acudo a ti con la esperanza y confianza en que tu Sagrado y Divino Corazón tendrá compasión de mí.

Señor Jesús, que curaste al enfermo que estaba sentado en el camino, que hiciste que le devolviste la vista al ciego y le dijiste que su fe le había salvado, te pido que me devuelvas la salud a mí también (diga el nombre por quien está orando)”. 
Ahora, deje que Dios haga su parte. Confíe en él. Y ponga también usted de parte suya para lograr un proceso realmente liberador. Recuerde que Dios no es un mago, Dios es fuente de vida.

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Escrito por Gabriela Ribeiro

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