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Carta para una mujer traicionada

No es fácil explicar lo que se siente ser víctima de la infidelidad

Crees que si un día descubres una infidelidad de tu pareja, de inmediato te armarás de valor y lo sacarás de tu vida sin pensarlo dos veces. Crees que es así, porque eso te parece razonable y lógico. ¿Para qué permanecer en donde no te quieren?, dices.

Es posible, sin embargo, que te hayan engañado, y no puedas irte. Es posible también que no quieras irte, aunque no tengas claras las razones. La verdad es que, aunque no te vayas, aunque decidas quedarte con esa persona por las razones que sean, las heridas de la traición por infidelidad siguen allí.

En una época en que las personas se comprometen o se casan libremente, ¿por qué engañar? Si es divorcio es tan accesible, ¿por qué mentir? Todas estas preguntas pasan por tu cabeza, con seguridad.

Sé cómo te sientes. Sé lo que se siente ser engañada. Traicionada. Por eso te dedico estas líneas. Como alguien que ha vivido esa experiencia más de una vez, y como alguien que ha tomado decisiones distintas en cada uno de esos momentos, puedo decirte que  no hay receta infalible.

Te comprendo perfectamente. Lo primero que sientes es que el mundo que creías verdadero y seguro es una mentira. Cada gesto, cada palabra, cada recuerdo, pasa por el detector de mentiras de tu mente. Es como caer al vacío, y no ver el fondo jamás. Te preguntas en qué momento fue que saltaste, porque hasta donde recuerdas, estabas bien segura sobre tierra firme.

Lo segundo que sientes es una terrible decepción, sobre todo si has creído que tu pareja era tu mejor amigo, y que podías contar con su sinceridad si dejaba de amarte, antes que con su traición. Te preguntas quién es él ahora, cómo es que no lo viste antes…

Lo tercero, es que no sabes qué hacer. Cualquiera te diría que lo dejes, pero no cualquiera sabe lo mucho que lo quieres, lo mucho que significa esa relación para ti, lo mucho que has invertido, lo mucho que han vivido juntos cuando nadie los ve, y menos los muchos planes que tenías. Si lo dejas, te sientes devastada. Si te quedas con él, comienzas a sentir vergüenza ante tu círculo de amistades y familiares, pues todos dicen ser intolerantes con la infidelidad.

La cosa te pega más cuando tienes 40, y sientes que la primera juventud se te ha ido de las manos. ¿Qué hacer ahora? ¿De qué se trata esto? ¿Debo volver a empezar?

Créeme que sé cómo te sientes. Y creo que, la verdad, no hay una respuesta única sobre qué decidir. Quizá, habrá que proponer preguntas en las que puedas pensar, para evaluar tu situación.  Quizá valga la pena ser honesta con tu pareja por primera vez. Sí. Por primera vez. No siempre somos honestas con nuestras parejas, aunque no haya infidelidad.

Primero pregúntate a ti misma qué valoras de esta relación. Si esta relación ha sido buena para ti, si esta relación te ha permitido crecer y, pese a lo sufrido, tiene valores fundamentales en tu vida, ¿realmente quieres darla por terminada? Si  ya la relación venía mal y no te sentías a gusto, quizá esta sea una oportunidad para liberarse, pero ¿para qué entonces guardar rencor?

Si para ti esta relación es valiosa, genuinamente valiosa, perdonar no es estúpido. Lo que sí es estúpido es fingir que no pasó nada o que no te duele. Y mucho más estúpido es vivir anclada den el rencor que, sea que sigas adelante o no, solo servirá para hundirte en la depresión.

Para que avances a una relación madura y positiva, es necesario que hables con tu pareja para que comprendan mutuamente lo ocurrido y expresen su voluntad de trabajar juntos, paso fundamental.  Si no hay acuerdo, quizá sea necesario separarse, pero primero deben conversar, «sin pelos en la lengua», sin nada que esconder.

Sé sincera, pero no hiriente. Sé precisa en tus palabras, pero no agresiva. Sé clara, pero no un témpano de hielo. Pero sobre todo, toma la decisión por ti, sin pensar en que tus seres queridos estén de acuerdo o no. Es hora de ser sincera contigo misma. Es tu vida, y a veces, algunas parejas pueden renacer con un aire distinto después del huracán.

Mira el siguiente vídeo:

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Escrito por Gabriela Ribeiro

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