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Este vendedor ambulante tenía todo el día trabajando hasta que un bondadoso joven le compró toda la mercancía

No subestimemos el poder de nuestros actos, pueden alegrar y cambiar el día de una persona

Pancho es muy conocido en Jalisco, México por los dulces que vende, tiene días buenos y días malos, unos días vende más que otros. Ya era un hombre muy mayor pero lamentablemente no tenía los recursos económicos necesarios para tener una vejez más tranquila y debía trabajar para alimentarse y vivir.

De eso se dio cuenta Diego, un hombre que pasaba por el lugar y quiso hacer algo más por Pancho. Se acercó al anciano y le preguntó que cuantos dulces podía comprar con 50 pesos mexicanos (alrededor de 2,5 dólares americanos), a lo que Pancho respondió que muchos y le colocó una pila de dulces en una bolsita.

Luego, Diego decidió pedirle nuevamente la misma cantidad de dulces. Pancho estaba muy emocionado, parecía que el día de trabajo acabaría temprano y podría regresar pronto a casa con el dinero necesario para comprar comida. Pero lo mejor estaba por ocurrir, Diego le pidió un abrazo a Pancho, por supuesto este accedió muy conmovido. En ese momento Diego le dijo al señor que no se preocupara, porque el le regalaría el dinero y podría quedarse con sus dulces para continuar la venta.

Pancho no podía creer lo que estaba sucediendo, estaba realmente agradecido y muy conmovido con el joven. Finalmente, Diego le preguntó si se encontraba bien, a lo que él respondió que sí, bueno, más o menos, con un problema de cicatrización en una pierna por una lesión. ¡Pancho no debía estar trabajando! ¡Debía estar descansando, disfrutando de su vejez y recuperándose de su herida!.

Diego no dudó en ayudarlo nuevamente y sacó de su bolsillo 200 pesos mexicanos (11 dólares americanos) y le dijo: “Por favor Pancho cúrate de tu pierna”. El anciano no paraba de llorar y le dio nuevamente un abrazo al joven Diego.

Definitivamente su día había tenido un fantástico giro gracias a un corazón altruista, bueno y compasivo.

Diego se despidió diciéndole: “Venda toda esta mercancía por mí, cuate, porque somos cuates”

Aprendamos del gesto de Diego y no perdamos la oportunidad de ayudar a los demás, siempre puede ser un buen momento para hacerlo. ¡Sigamos su ejemplo!

A continuación le invitamos a ver el conmovedor video:

¡Comparta esta linda y conmovedora historia!

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