Dios ama a las mujeres en toda su singularidad y las ha bendecido inmensamente. Ellas están llenas de dones para compartir, que a su vez permiten que otros puedan seguir la voz de Dios. Aun así, no ha sido fácil que esto sea reconocido.
En tiempos antiguos, las mujeres ocupaban un lugar muy marginal en las religiones establecidas, especialmente de las religiones monoteístas. De hecho, cuando se escribieron los evangelios no existía una palabra en griego para la expresión “discípulo” en femenino. Por esa razón debían nombrar por separado a “los discípulos” y a “las mujeres que seguían a Jesús”.
Mujer de Dios en la historia de la fe
Si bien las costumbres antiguas no le daban un lugar a la mujer en la religión, las mujeres han tenido un papel fundamental en la manifestación de la voluntad de Dios, y que ellas son igualmente receptoras y protagonistas del mensaje.
Sara fue una mujer de Dios, que al lado de Abraham, fue madre añosa por obra de la bondad del altísimo. Pero también tenemos mujeres de importancia fundamental en la expansión de la fe o protección del pueblo judío como Miriam, Esther, Judith y muchas otras.
Todas ellas tienen algo en común: Dios las ama de manera especialísima y las ha dignificado a través del llamado vocacional según la circunstancia de cada una.
Dios llama a las mujeres y las dignifica
Los hombres que escribieron los evangelios no pudieron ignorar la fuerza de esta realidad: Dios ve en las mujeres seres plenos, dignos y valiosos. No solo por la maternidad, sino por su propia densidad como personas, como seres humanos, como hijas del Altísimo.
De allí la importancia de la palabra de Dios en la vida de una mujer. Una mujer conquistada por la palabra de Dios será fuente inagotable de alegría, pues la palabra tiene poder.
Consejos finales
Cuando nos insultan, sus palabras resuenan en nuestra mente haciéndonos sentir presos, pero ¡cuánto más hará la palabra de Dios que, además, tiene el poder de liberar!
Hoy, miles de seducciones pretenden que la mujer confunda lo que es la plena libertad y la alegría de vivir. Pero Dios llama a estas mujeres que brindan luz y amor a su paso: las mujeres de Dios.
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