hijo contestón
Crédito de la imagen: Dicasonline

Cómo reaccionar de la mejor manera ante un hijo contestón

Las actitudes rebeldes son parte del crecimiento. Lo que los padres deben hacer es orientar de forma positiva en el momento indicado

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No creas que estás criando mal a tu hijo cuando responde con sarcasmo, atrevimiento o se niega a cumplir una orden tuya.

Cuando tienen lugar este tipo de comportamientos, suele ser alrededor de los 8 o 9 años de edad, fase en la que el niño empieza a asumir su propia personalidad.

Cuando era más pequeño, tu hijo veía a sus padres como las mejores personas, las más bonitas, que lo sabían todo. Después, pasan a ver cómo los que no saben nada. Es parte de la vida.

En esta fase, el niño quiere mostrar independencia, voluntad propia y capacidad para tomar decisiones. Su único grupo social con quien lo demuestra es con la familia. Es por ello que se volverá contra ti.

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Además de ello, esta actitud es una forma de expresar emociones, aunque no sea la más adecuada. Luego, depende de los padres saber cómo reaccionar cuando el niño responde para educarlo de manera efectiva en lugar de estimular aún más dicho comportamiento.

¿Cómo reaccionar ante un hijo contestón?

Es importante comprender en qué nivel de desarrollo se encuentra tu hijo para poder reaccionar correctamente a la actitud de responder

A partir de los 9 años, el niño comienza a ver a los padres y compañeros de forma más crítica, analizando sus actitudes y valorando las ventajas y desventajas de cada situación.

Entonces, ellos observan más, cuestionan más y desobedecen más. Teniendo esto como base, necesitas seguir el camino correcto a la hora de corregir el comportamiento.

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Sé un ejemplo

Desde que es un bebé, tu hijo aprende observando lo que haces. Seguirá siendo así cuando quiera expresar su personalidad, a través de actitudes rebeldes.

Si tienes el hábito de usar el sarcasmo o la mala educación, tu hijo verá este comportamiento como permitido. Entonces, el primer paso para tratar con un hijo contestón es evaluar y mejorar tu propio comportamiento hacia él.

No respondas con la misma moneda

La violencia genera violencia. Luego, cuando tu hijo grita y se enfurece, debes reaccionar de la manera opuesta. Esta es una manera de demostrarle que su comportamiento no te afectará, por más que él quiera irritarte y sacarte de tus casillas.

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Respira hondo, mantén la calma y demuéstrale a tu hijo que tú eres el líder, el consejero, la persona que está por encima de su nivel de conocimiento sobre cómo manejar las cosas. Estás ahí para ayudarlo a lidiar con sus propios sentimientos, sin agresividad.

Dale voz a tu hijo

Muchos niños reaccionan contestando de manera atrevida porque no se les escucha en su casa. A esa edad, ya tienen una opinión sobre las cosas y necesitan que se escuche esa opinión para saber si están evaluando las situaciones de manera correcta.

Entonces, permite que tu hijo participe en la rutina de la casa, en las decisiones, escucha lo que tiene que decir sobre lo que piensa y siente. Cuando se escucha a un hijo y se tiene en cuenta su opinión, este no ve motivo alguno para reaccionar con rebeldía ante sus padres.

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Establece límites

Los niños necesitan límites para saber qué cosas son aceptables y lo que no en el hogar y en la sociedad. Estos límites, cuando se ponen en práctica, ayudarán a perfilar el carácter del niño y dar forma a su personalidad.

Luego, tu hijo necesita saber claramente qué puede y qué no puede realizar. Además, necesita saber cuáles son las consecuencias de sus acciones, positivas o negativas. Y no te equivoques, las actitudes negativas no necesitan ser castigadas con palizas para ser efectivas. Si haces esto, generará más rebelión o miedo, pero no obtendrás el respeto de tu hijo.

Ayuda a tu hijo a entender las cosas de la forma más lógica, porque a esa edad siente que ya lo sabe todo y quiere ser más maduro. Por lo tanto, háblale de una forma más madura, señalando las consecuencias de sus acciones. Un ejemplo puede ser el siguiente:

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“¿Te gustaría que alguien te hablara de una manera tan grosera y sin educación, así como te estás dirigiendo a mí? No puedo aceptar este comportamiento porque te perjudica a ti y a los demás. Entonces, si lo vuelves a hacer, no voy a confiar en que vayas solo a ese viaje de estudios”.

Y nunca olvides cumplir lo que prometes. Si tu hijo repite el comportamiento, debes aplicar el castigo que ya sabía que tendría. De lo contrario, perderás la autoridad y el control que tu hijo espera ver en ti.

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