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Familias tóxicas: ¿Cuáles son sus características? ¿Cómo podemos sobrevivir a ellas?

Las familias toxicas se encuentran cruzadas por factores comunes: Comportamientos dañinos en donde no se respeta la individualidad y la intimidad de ninguno de sus miembros.

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En las familias disfuncionales, lo que ahora se conoce como familias tóxicas, podemos encontrarnos que aquellos que padecen las mayores agresiones físicas y psicológicas son los hijos.
Es sabido de los beneficios, a corto y largo plazo, de que los niños crezcan dentro de un seno afectivo y saludable; sin embargo, estos beneficios no tienen lugar dentro de las familias disfuncionales.

Sin embargo, podría suceder que se presenten diferentes características dentro del núcleo familiar y que estemos ante un ambiente ambivalente. Pero aquellas familias tóxicas, tienen aristas que son fácilmente reconocibles: ¿Cuáles son esos rasgos?

Familias tóxicas

¿Cómo identificar si nos encontramos en un ambiente nocivo para nosotros?

Saber si nos encontramos en un ambiente “enfermo” y tóxico para nuestra salud, no es difícil, ya que estos poseen algunos puntos fácilmente identificables.

Veamos algunas de las características más clásicas de las familias toxicas:

Pérdida de la individualidad

Las familias tóxicas no se caracterizan por ser respetuosos de la intimidad y el espacio de los miembros de ella.

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Es por tal motivo que, dentro de la familia tóxica, situaciones que son afectivas y libres terminan convirtiéndose en dinámicas afectivas que se ven obligadas y coercitivas.
Es así que los miembros de la familia terminan encontrándose unidos por obligación y no por gusto o placer. Sin embargo, no es menor destacar que cuando ponemos “unidos” nos referimos a presentes.

Por ejemplo, cuando un miembro de la familia tóxica comienza a presentar graves problemas de individualidad o a sentirse avasallado en su intimidad, termina buscando de forma constante la aprobación del resto de los miembros.
Esto lleva a que los miembros de la familia tomen mayores responsabilidades que terminan siendo poco saludables. Pero además y, lo más complejo de todo, es que esa persona termina siendo incapacitada para tener una vida individual afectiva y social.

Extremos peligrosos: ¿Sobreprotección o desidia total?

La sobreprotección termina siendo uno de los polos que les quita libertad y autonomía a las personas; y esto, sin lugar a dudas, daña la emocionalidad y la independencia.
Cuando se genera esta sobreprotección, las personas que se encuentran en un ambiente tóxico, terminan siendo controladas y digitadas en todos los aspectos.

Aunque pueda no parecerlo, la sobreprotección y el control excesivo, de alguna manera, es una forma inescrupulosa de manipulación.
En la otra punta se encuentra la desidia absoluta en la crianza o en el contacto emocional dentro del mismo núcleo familias. Esto podría ser visto casi como un abandono per sé y son heridas de la infancia que nos acompañarán hasta la vida adulta.

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Un principio básico: Se habla de todo

Hay familias que deciden evadir ciertos temas o problemáticas. Y aunque pueda parecer un tema menor, estas actitudes llevadas a cabo por ciertos miembros del núcleo familiar, pueden causar demasiado daño a otros integrantes de la familia.

En ocasiones puede producirse una “comunicación no verbalizada”. Puede ser que el silencio sea tomado como una falta de comunicación, pero generalmente no es así: el silencio también habla.
Habitualmente, lo que dice el silencio es que hay peligro o tensión, llevando a un mensaje ambiguo y destructivo de “aquí no pasa nada”.

Cuando no se habla de los problemas de forma oportuna, se terminan construyendo bombas que serán tajantes en el futuro. Con el tiempo, aquello que no se ha hablado, podría derrumbar todo sin dar la posibilidad a una reconstrucción del daño.

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Mientras tanto, ese ambiente tóxico que silencia va destruyendo el bienestar que se representa como un espejismo que permite la supervivencia.

Cuando no existe la flexibilidad o cuando donde los límites son confusos

La falta de flexibilidad no permite otros puntos de vista, ni una diferente manera de actuar; la única verdad valida es la del jefe de familia.
Esta problemática generalmente se evidencia cuando uno de los miembros de la familia intenta realizar un cambio en donde se priorice el mismo.

Las familias tóxicas tienen reglas no escritas en donde todas las actitudes que presenten individualismo, harán peligrar el confort del hogar. En donde, además, se producirán actitudes violentas, dramáticas y extremas que, harán que la persona que necesita aislarse de ese ambiente tóxico prefiera, para evitar los problemas, seguir aceptando las “reglas de la casa”.

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Las familias disfuncionales o tóxicas, generalmente se construyen sobre estos cuatro pilares; cuando podamos romper con estas cadenas, recién ahí, podremos recuperar nuestra individualidad y liberarnos del ambiente tóxico que nos rodea.

Llevar a cabo un tratamiento psicológico, contribuirá a entender la dinámica de las familias toxicas y nos brindará las herramientas que nos ayudará a alcanzar una mejor calidad de vida.

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