En esta pandemia, el desempleo tomó por sorpresa a muchas familias. La joven Jamile Aparecida, de 29 años, que vive con su hija de 14 años en São Paulo, Brasil, fue una de las afectadas. De hecho, llevaba 2 años desempleada, pero de vez en cuando conseguía algo de dinero para ahorrar un poco. Sin embargo, con la pandemia, los trabajos temporales dejaron de aparecer.
En busca de una solución para sustenta la casa, Jamile comenzó a hacer saladitos para vender. Para el primer pedido, pidió prestado dinero, compró los ingredientes e hizo todo con cuidado.
A pesar de ello, a la hora de realizar la entrega, su cliente desistió de la compra. La razón fue que le disgustaban los saladitos, porque se enteró de que Jamile tiene perros en casa, y por eso ni siquiera tendría el valor de tomar un vaso de agua en la casa de la joven.
Esa humillación hizo que Jamile perdiera todas las fuerzas que había reunido para levantarse. Ella se quedó devastada, incapaz de pagar el préstamo de los ingredientes o poner comida en el la nevera para su propio consumo.
Entonces, ella donó todos los saladitos a la gente de la calle y decidió denunciar lo sucedido en sus redes sociales, la cual fue su mejor decisión.

La relación de amor con los animales

A finales de 2019, la madre de Jamile falleció y ella siguió adelante con los rescates. Ella lleva gatos y perros callejeros a su apartamento que necesitan cuidados, y algunos de ellos acaban siendo adoptados por ella misma, que los trata con el respeto y amor que se merecen.
Dificultad en conseguir trabajo

Actualmente está a la espera de ser sometida a una cirugía bariátrica por parte del SUS, pero por el momento no hay previsión. Mientras tanto, sigue buscando un trabajo que pueda hacer sin preocuparse por los prejuicios de la gente, porque lo único que quiere es poder mantener a su hija y a sus animales.

